4 Julio 2011
Se han citado en la puerta de la estación. Ella está inclinada hacia delante, para facilitar un plan de huida. Mira sin ver a la familia que se acerca paseando; tiene los ojos muy abiertos, pero en realidad no está alerta. Podrían ser sus padres, otros parientes o unos vecinos de su barrio. En cualquier caso la pillarían prevenida, sí, pero incapaz de disimular su arrobo. Siente la piel caliente y bañada; le estrecha los dedos con determinación pero sin fuerza. Es imposible ser más feliz.
Él esconde la mirada cabizbajo, avergonzado de tanto desearla. Hace ver que se entretiene con el móvil; busca una canción que quiere compartir con ella. Le parece aun más bonita cuando está ausente o a punto de echar a correr. Inalcanzable. Se ha hecho una trenza larga, esa mañana, pero ahora está despeinada y se le escapan algunos mechones. Le gustaría decirle que está preciosa, pero cree que puede entenderlo como una cursilada. Además, sería una debilidad por su parte poner en evidencia tanta ternura. ¡Qué difícil resulta jugar a ser un tipo duro!
Están en un lugar público, en un banco de la calle, a la vista de cualquiera. Hace calor y sudan, pero eso es lo de menos. Llevan una hora ahí sentados y no se han soltado de la mano. Apenas han cruzado palabra. Se lo han dicho todo por sms, email, twit, facebook… y esa misma mañana en el instituto.
Ahora, aunque traten de evitarlo, sólo pueden pensar en esas manos, enlazadas y sudorosas, ávidas de caricias que aun no se atreven a pedir en voz alta. Manos pudorosas, como el primer amor de la adolescencia. Como el beso que anhelan y se darán, si ella quiere, mañana.
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5 Junio 2011
Trato de pescar un nuevo cuento y confirmo con inquietud que me he vuelto monotemática. Que si el pescadito de su camiseta, que si el sonajero que aparece y desaparece, que si la alfombra mágica de sus primeros gateos…
Durante un tiempo me perseguían los osos; estaban por todas partes: osos en las sábanas, osos entre la ropa, osos en cajas de regalo, osos en forma de mordedor, osos de trapo que emiten canciones de cuna… Supongo que de ahí que me equivocara hace unos días cuando contaba la historia de una amiga que tiene miedo a los perros,“gossos” en catalán, y dijera que le tenía terror a los osos,“óssos” en la misma lengua.
Además de las horas de sueño, una pierde parte de la concentración cuando se convierte en madre; en una especie de rebelión hormonal y neuronal, la atención, la fortaleza, el instinto, la entereza … todo se empeña en un mismo afán: ¡la crianza! –y hacerlo de la manera más natural no siempre es fácil, aunque la recompensa sea enorme.
Estos días, esforzándome por recuperar aquella parcela del tiempo destinada a la pesca literaria, me rindo de nuevo a una revelación: escribir nos obliga al sacrificio cotidiano de una parte de lo que somos, aunque sólo sea porque tenemos que hacerlo en solitario, pero es una renuncia vital para poder alumbrar las sombras que nos habitan.
Hoy recuerdo las palabras del maestro Cortázar las recuerdo y por eso no son exactas, así que busco y releo con calma extractos Del cuento breve y sus alrededores.
Ahí están, sí, describiendo perfectamente esa sensación de “masa sin sentido” que ya es cuento, esa ensoñación, pesadilla, tormenta, fiebre, carrera, abismo, volcán, nudo, presentimiento… Ese “enorme coágulo” que describía el teórico y cuentista, “un bloque total que ya es cuento, eso es clarísimo aunque nada pueda parecer más oscuro”.
Hoy no hay pesca. No puede ser todavía. Sólo estoy limpiando los aparejos, como quien saca punta a un lápiz o limpia con esmero un pincel.
Admiro la caña. La admiro y la temo.
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31 Mayo 2011
No sé si lo conseguiré, pero seguro que si no lo intento no habrá manera de lograrlo. Hoy me decido a volver, aunque sea a cuenta gotas, con la ambición de ser breve y brava, como un buen oleaje. Mi niño duerme... ¡Y ya han pasado los 35 minutos que me da normalmente de tregua! Pero es que hoy un buen compañero de letras me ha recordado que una vez escribía cuentos, así que tendré que volver a intentarlo. Además hoy sopla el viento -lo saben en Sol y en la plaça Catalunya- así que el tiempo acompaña para izar las velas.
Como se define mi buen amigo Escrividor, parafraseando a la protagonista de una novela, un escritor o una escritora imperfecta se escribe con "hache". Así, que... ¡de vuelta a las "haches"!
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9 Noviembre 2009
Ayer emitieron un interesante reportaje en TV3 sobre la caída del Muro de Berlín. Otro buen trabajo de 30 minuts, aunque a las que siguen la reunificación alemana desde hace 20 años les siga sonando a la misma canción de siempre: más de lo de mismo. A mí, sin embargo, este aniversario, como viene cargado de fuegos artificiales, me dio con una bengala justo en un ojo y todavía estoy tratando de mirar más allá del resplandor de la fiesta.
El reportaje nos volvía a mostrar los otros muros que todavía permanecen entre la población originaria del Este y del Oeste; esa distancia que la ausencia del Telón de Acero no ha conseguido eliminar, porque forma parte de la experiencia vital de dos colectivos humanos que, a pesar de compartir el mismo país, vivieron distintas historias y procesos sociales en el tiempo.
Como diría El Principito, las diferencias que se miden en términos cuantitativos son muy importantes para los adultos -cada vez más en esta sociedad neoliberal y de alto consumo. Pero más allá de las diferencias salariales o del desarrollo económico entre ambos territorios, de la crisis que obligó a muchos orientales a emigrar al oeste haciéndoles sentir ciudadanos de segunda… lo que más me llamó la atención fue la distancia en lo cualitativo.
Hoy, valores como la democracia, la libertad o el progreso siguen sin entenderse de la misma manera y separan mentalmente a muchas personas. Donde unos ven decadencia y decrecimiento, otros ven oportunidades y alternativas de vida más sostenibles. Lo explicaban los testimonios del reportaje que han apostado por quedarse en el Este y poner en marcha nuevos proyectos culturales, sociales… y también económicos, sí, pero con una referencia cualitativa.
Me quedé con la reflexión de Gerhard Schlegel, un ingeniero de minas del Este, que después de perder su trabajo y emigrar al Oeste en 1993 descubrió que le faltaba autoestima; que la sociedad jerarquizada en la que había vivido le había impedido afirmar su individualidad. ¡Tan necesaria para la libertad!, aunque sea con minúsculas.
Y en eso coincidía con la pianista Crhistina Löffler, originaria también del Este, a la que le habría gustado otra clase de RDA, muy lejos de las desafortunadas experiencias comunistas soviéticas, porque cree en la base y en la idea del socialismo, porque le gustaría que hubiera una manera de ponerlo en práctica y realizarlo. La artista criticaba que hoy en día el dinero tenga un papel tan importante en nuestras vidas, que sea la causa de esa brecha tan inhumana entre las personas; fuente de tantas injusticias.
Así que esa fue la bengala que más luz emitió para mí, a lo largo del reportaje. Con ésa me quedo, en este aniversario: muros de Berlín a parte, nos siguen quedando muchos otros muros indignos que hacer caer.
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1 Noviembre 2009
Se mordió la lengua y se hizo sangre. Bien, pensó, al menos resulta que estaba vivo. Luego cerró los ojos y recordó el huerto de limones en el que fue tan feliz de niño; el olor perfumado en la brisa, el sol calentando su camiseta de rayas, las travesuras que hacía con Marisol, la niña que lo llevaba de cabeza… Los limones seguían intactos en su memoria, con el mismo brillo de luz que diez, veinte, treinta años atrás… Era mejor no echar las cuentas.
La sangre se mezcló con la saliva de su boca, entre cucharadas de postre. Un flan de vainilla trasnochador para aliarse con los recuerdos; temblorosos apetitos de caramelo entre pasos descalzos del sofá a la cama, de vuelta a los escalofríos.
Esta vez se mordió un labio y la lengua se desconcertó ante aquella combinación de sabores metálicos, amargos y dulces que resumían su estado de ánimo. Sólo le inquietaba aquella sensación gélida; puede que fuera por culpa de su sangre fría…
Tenía el cuerpo destemplado. Debía estar incubando un buen resfriado…
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5 Octubre 2009

Lo prometido es deuda, Rubia. Aquí están tus fotografías de los balcones de Sigüenza. ¡Acertaste, sí! Tengo debilidad por los balcones. Algunos cuentan tantas historias… Y no necesariamente los de altura vertiginosa son los más excitantes. El que considero mi primer cuento, o sea mi primera pesca, tuvo lugar en un balcón. En una galería, para ser fiel a la verdad.
En casa de mis padres, el segundo piso de un inmueble familiar de tres plantas, uno de los dos balcones daba –y continúa dando- a un patio interior. En frente también vive familia. Lo proyectaron así los dos hermanos –uno de ellos mi abuelo- pensando en el futuro de sus hijos. Por suerte no se equivocaron –o quizás debería decir que no les defraudamos- porque no siempre vivir en familia es una garantía de buena vecindad.

En el patio plantaron un cerezo. Recuerdo que buscaba la luz con una ambición sin límites, apuntando hacia el cielo. Así fue como llegó a sobrepasar las tres plantas del edificio hasta alcanzar los tejados de la azotea. Era un ejemplar extraordinario (ya digo que apuntaba maneras) aunque lo cierto es que apenas daba cerezas y cada año enfermaba por culpa del pulgón. Al final tuvieron que cortarlo. Todavía hay noches en las que me encantaría escucharlo crepitar en las cristaleras de las ventanas…
Con mi prima, ideamos un sistema de comunicación primitivo pero muy útil entre las dos galerías; con unas cuerdas y una pequeña polea, de su tendedero a mi tendedero, nos pasábamos en un cubito los tebeos, mensajes, chucherías y un sinfín de chismes de crías. La nuestra fue una infancia de escasa tecnología, ¡pero de mucho ingenio!
Aquel primer cuento arranca con este recuerdo casi anecdótico, pero no es un relato infantil. ¡Nada más lejos! Como toda buena obra adolescente es más bien una mirada trágica y atormentada a lo cotidiano. Debe ser por lo duro que se nos hace abandonar el paraíso de una infancia feliz –no todas las infancias tienen la misma suerte-, aunque luego apenas reparemos exactamente el día que empezamos a dejarlo atrás.
Tengo pendiente una revisión de ese cuento, pero nunca me he decidido a modificarlo. Creo que conserva cierta pureza. Una inocencia desnuda y franca. Como el dolor que me produjo la tala de aquel maravilloso árbol en el que escalaban también mis fantasías de niña.
Ahora, a mis 37, me veo persiguiendo de nuevo aquella mirada infantil, que desde la ingenuidad sabía dar tan sabias lecciones. Valientes y un poco imprudentes, sí. Casi como que te pillen in fraganti fotografiando balcones ajenos. Pero es que sin riesgo no hay buenas historias.

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23 Septiembre 2009
La receta nos la dieron dos sabios. Conocía la fórmula, pero no le había puesto nombre hasta que pasamos por la terapia de Haviva en Tánger… Ella, como buena abuelita, nos recomendaba reposar después de cada comida, así que invertimos el tiempo en leer La ciencia y la vida, de la mano de Valentí Fuster y José Luis Sampedro. ¡Qué hombres! ¿Cómo podíamos pensar nosotras dos en dormir teniéndolos a ellos a mano…!
De todo eso hace ya casi tres meses, un poco menos del tiempo que lamardecuento lleva sin dar señales de vida -desde el cumpleaños de uno de sus fieles lectores: ¡Felicidades Plácido!, aunque sea con mucho retraso.
Ha sido un largo paréntesis, pero es que siempre que intento reincorporarme salen obligaciones nuevas… Lo último, las oposiciones, que finalmente he suspendido. Lo siento, pero no puedo dar más detalles. El congreso ha declarado el estado de sitio a propuesta del gobierno y se ha limitado la libertad de expresión. Aunque ahora que recuerdo… hay una excepción relativa a la creación literaria… Pero no, no voy a hacerlo. Es un tema demasiado aburrido y poco saludable.
Prefiero seguir practicando la gimnasia de libertad; maravilloso antídoto contra el estrés y las prisas. Es ideal combinarla con los siguientes ejercicios: una lectura sin interrupciones –¡nos toca Kafka en el Club de lectura!- una cervecita con sabor a viernes, las visitas a las mujeres de la Casa del món, una tarde de fotografía junto al mar, una cena con Els Escrividors, el inicio de un movidito curso “baulero” (marcado por unas excepcionales jornadas), las sesiones de yoga en el colegio García Lorca… En fin, esos ejercicios cotidianos que elegimos porque nos hacen sentir tan bien. ¡Tan libres!
Y también éste; el reto de zarpar algunas tardes en busca de olas, estrellas y un sol imaginario bajo el que tenderme.
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8 Junio 2009
Este primer fin de semana de junio, el corazón de las baulas catalanas junto con el resto de COR romeros del Estado Español y Europa nos hemos reunido en Madrid. Entre las cuatro paredes de una sala de reuniones, con ventanales abiertos a un jardín de recreo para los descansos, hemos compartido planes de trabajo militante, así como espiritualidad y ética para otro mundo mejor posible –parafraseando y haciendo propaganda a la vez, del foro social que se va a celebrar en el próximo mes de octubre en Sevilla http://www.forosocialsevilla.org/
Entre las tareas pendientes y las muchas inquietudes compartidas, la confrontación y la lucha permanente contra los inmigrantes ha sido una de las más destacas. Las amistades de Roma, Milán, París y Beziers, vinculadas a la red SICSAL han compartido con los comités españoles su indignación y preocupación por la creciente persecución y acoso a las personas inmigrantes en situación irregular y las asociaciones que les dan apoyo humanitario -mucho me temo que el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo no haya hecho más que empeorar esta tendencia violenta.
Nos han hablado de los Círculos de silencio, un espacio de denuncia social y pública de situaciones que vulneran los derechos humanos de las personas inmigrantes. Hemos anotado en la agenda los deberes para el próximo curso…
Otro de los temas compartidos y que hoy no deja de alertarnos en nuestros correos con un suma y sigue de adhesiones y nuevas denuncias, ha sido la represión que se ha desatado en el Norte de Perú ante la protesta de miles de indígenas que se oponen a la exploración y extracción de recursos naturales por parte de la multinacional francesa Penneco y la española Repsol, entre otras. Los muertos ya se cuentan por decenas. Aunque las informaciones tengan que contrastarse siempre, es importante que lo podamos hacer también desde el lado menos mediático: http://www.sicsal.net/articulos/node/926
A pesar de la consternación y la rabia, ha sido por encima de todo un gran encuentro fraterno, apasionado y lleno de esperanza. Quizás porque todos escuchamos de fondo la misma banda sonora de nuestro empeño humanitario: el grito de Romero - ¡cese la represión! - o las palabras justas de Casaldáliga - maldita sea la cruz que cargamos sin amor.
Para avivar las emociones y recobrar la energía que nos ha proporcionado el encuentro, sólo tenemos que recordar los pequeños detalles: las sonrisas y los abrazos, mucho más nutritivos que las comidas o las pausas del café, ¡a pesar de caernos como gloria!; las eucaristías sin escalones ni púlpitos, porque las personas que la compartimos nos sentimos iguales y nos miramos a los ojos de frente; las risas cómplices que invitan a futuras visitas, fiestas, cánticos y manifestaciones de amor y de protesta; y, ¡cómo no!, las sábanas rosas de la cama que me ha tocado: un lugar en el que descansar y abrigarse después de un largo día; un espacio íntimo, privilegiado y pacífico desde el que dar gracias y comprometerse para levantarnos al día siguiente con la misma rebeldía.
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