9 Noviembre 2009
Ayer emitieron un interesante reportaje en TV3 sobre la caída del Muro de Berlín. Otro buen trabajo de 30 minuts, aunque a las que siguen la reunificación alemana desde hace 20 años les siga sonando a la misma canción de siempre: más de lo de mismo. A mí, sin embargo, este aniversario, como viene cargado de fuegos artificiales, me dio con una bengala justo en un ojo y todavía estoy tratando de mirar más allá del resplandor de la fiesta.
El reportaje nos volvía a mostrar los otros muros que todavía permanecen entre la población originaria del Este y del Oeste; esa distancia que la ausencia del Telón de Acero no ha conseguido eliminar, porque forma parte de la experiencia vital de dos colectivos humanos que, a pesar de compartir el mismo país, vivieron distintas historias y procesos sociales en el tiempo.
Como diría El Principito, las diferencias que se miden en términos cuantitativos son muy importantes para los adultos -cada vez más en esta sociedad neoliberal y de alto consumo. Pero más allá de las diferencias salariales o del desarrollo económico entre ambos territorios, de la crisis que obligó a muchos orientales a emigrar al oeste haciéndoles sentir ciudadanos de segunda… lo que más me llamó la atención fue la distancia en lo cualitativo.
Hoy, valores como la democracia, la libertad o el progreso siguen sin entenderse de la misma manera y separan mentalmente a muchas personas. Donde unos ven decadencia y decrecimiento, otros ven oportunidades y alternativas de vida más sostenibles. Lo explicaban los testimonios del reportaje que han apostado por quedarse en el Este y poner en marcha nuevos proyectos culturales, sociales… y también económicos, sí, pero con una referencia cualitativa.
Me quedé con la reflexión de Gerhard Schlegel, un ingeniero de minas del Este, que después de perder su trabajo y emigrar al Oeste en 1993 descubrió que le faltaba autoestima; que la sociedad jerarquizada en la que había vivido le había impedido afirmar su individualidad. ¡Tan necesaria para la libertad!, aunque sea con minúsculas.
Y en eso coincidía con la pianista Crhistina Löffler, originaria también del Este, a la que le habría gustado otra clase de RDA, muy lejos de las desafortunadas experiencias comunistas soviéticas, porque cree en la base y en la idea del socialismo, porque le gustaría que hubiera una manera de ponerlo en práctica y realizarlo. La artista criticaba que hoy en día el dinero tenga un papel tan importante en nuestras vidas, que sea la causa de esa brecha tan inhumana entre las personas; fuente de tantas injusticias.
Así que esa fue la bengala que más luz emitió para mí, a lo largo del reportaje. Con ésa me quedo, en este aniversario: muros de Berlín a parte, nos siguen quedando muchos otros muros indignos que hacer caer.
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1 Noviembre 2009
Se mordió la lengua y se hizo sangre. Bien, pensó, al menos resulta que estaba vivo. Luego cerró los ojos y recordó el huerto de limones en el que fue tan feliz de niño; el olor perfumado en la brisa, el sol calentando su camiseta de rayas, las travesuras que hacía con Marisol, la niña que lo llevaba de cabeza… Los limones seguían intactos en su memoria, con el mismo brillo de luz que diez, veinte, treinta años atrás… Era mejor no echar las cuentas.
La sangre se mezcló con la saliva de su boca, entre cucharadas de postre. Un flan de vainilla trasnochador para aliarse con los recuerdos; temblorosos apetitos de caramelo entre pasos descalzos del sofá a la cama, de vuelta a los escalofríos.
Esta vez se mordió un labio y la lengua se desconcertó ante aquella combinación de sabores metálicos, amargos y dulces que resumían su estado de ánimo. Sólo le inquietaba aquella sensación gélida; puede que fuera por culpa de su sangre fría…
Tenía el cuerpo destemplado. Debía estar incubando un buen resfriado…
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5 Octubre 2009

Lo prometido es deuda, Rubia. Aquí están tus fotografías de los balcones de Sigüenza. ¡Acertaste, sí! Tengo debilidad por los balcones. Algunos cuentan tantas historias… Y no necesariamente los de altura vertiginosa son los más excitantes. El que considero mi primer cuento, o sea mi primera pesca, tuvo lugar en un balcón. En una galería, para ser fiel a la verdad.
En casa de mis padres, el segundo piso de un inmueble familiar de tres plantas, uno de los dos balcones daba –y continúa dando- a un patio interior. En frente también vive familia. Lo proyectaron así los dos hermanos –uno de ellos mi abuelo- pensando en el futuro de sus hijos. Por suerte no se equivocaron –o quizás debería decir que no les defraudamos- porque no siempre vivir en familia es una garantía de buena vecindad.

En el patio plantaron un cerezo. Recuerdo que buscaba la luz con una ambición sin límites, apuntando hacia el cielo. Así fue como llegó a sobrepasar las tres plantas del edificio hasta alcanzar los tejados de la azotea. Era un ejemplar extraordinario (ya digo que apuntaba maneras) aunque lo cierto es que apenas daba cerezas y cada año enfermaba por culpa del pulgón. Al final tuvieron que cortarlo. Todavía hay noches en las que me encantaría escucharlo crepitar en las cristaleras de las ventanas…
Con mi prima, ideamos un sistema de comunicación primitivo pero muy útil entre las dos galerías; con unas cuerdas y una pequeña polea, de su tendedero a mi tendedero, nos pasábamos en un cubito los tebeos, mensajes, chucherías y un sinfín de chismes de crías. La nuestra fue una infancia de escasa tecnología, ¡pero de mucho ingenio!
Aquel primer cuento arranca con este recuerdo casi anecdótico, pero no es un relato infantil. ¡Nada más lejos! Como toda buena obra adolescente es más bien una mirada trágica y atormentada a lo cotidiano. Debe ser por lo duro que se nos hace abandonar el paraíso de una infancia feliz –no todas las infancias tienen la misma suerte-, aunque luego apenas reparemos exactamente el día que empezamos a dejarlo atrás.
Tengo pendiente una revisión de ese cuento, pero nunca me he decidido a modificarlo. Creo que conserva cierta pureza. Una inocencia desnuda y franca. Como el dolor que me produjo la tala de aquel maravilloso árbol en el que escalaban también mis fantasías de niña.
Ahora, a mis 37, me veo persiguiendo de nuevo aquella mirada infantil, que desde la ingenuidad sabía dar tan sabias lecciones. Valientes y un poco imprudentes, sí. Casi como que te pillen in fraganti fotografiando balcones ajenos. Pero es que sin riesgo no hay buenas historias.

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23 Septiembre 2009
La receta nos la dieron dos sabios. Conocía la fórmula, pero no le había puesto nombre hasta que pasamos por la terapia de Haviva en Tánger… Ella, como buena abuelita, nos recomendaba reposar después de cada comida, así que invertimos el tiempo en leer La ciencia y la vida, de la mano de Valentí Fuster y José Luis Sampedro. ¡Qué hombres! ¿Cómo podíamos pensar nosotras dos en dormir teniéndolos a ellos a mano…!
De todo eso hace ya casi tres meses, un poco menos del tiempo que lamardecuento lleva sin dar señales de vida -desde el cumpleaños de uno de sus fieles lectores: ¡Felicidades Plácido!, aunque sea con mucho retraso.
Ha sido un largo paréntesis, pero es que siempre que intento reincorporarme salen obligaciones nuevas… Lo último, las oposiciones, que finalmente he suspendido. Lo siento, pero no puedo dar más detalles. El congreso ha declarado el estado de sitio a propuesta del gobierno y se ha limitado la libertad de expresión. Aunque ahora que recuerdo… hay una excepción relativa a la creación literaria… Pero no, no voy a hacerlo. Es un tema demasiado aburrido y poco saludable.
Prefiero seguir practicando la gimnasia de libertad; maravilloso antídoto contra el estrés y las prisas. Es ideal combinarla con los siguientes ejercicios: una lectura sin interrupciones –¡nos toca Kafka en el Club de lectura!- una cervecita con sabor a viernes, las visitas a las mujeres de la Casa del món, una tarde de fotografía junto al mar, una cena con Els Escrividors, el inicio de un movidito curso “baulero” (marcado por unas excepcionales jornadas), las sesiones de yoga en el colegio García Lorca… En fin, esos ejercicios cotidianos que elegimos porque nos hacen sentir tan bien. ¡Tan libres!
Y también éste; el reto de zarpar algunas tardes en busca de olas, estrellas y un sol imaginario bajo el que tenderme.
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8 Junio 2009
Este primer fin de semana de junio, el corazón de las baulas catalanas junto con el resto de COR romeros del Estado Español y Europa nos hemos reunido en Madrid. Entre las cuatro paredes de una sala de reuniones, con ventanales abiertos a un jardín de recreo para los descansos, hemos compartido planes de trabajo militante, así como espiritualidad y ética para otro mundo mejor posible –parafraseando y haciendo propaganda a la vez, del foro social que se va a celebrar en el próximo mes de octubre en Sevilla http://www.forosocialsevilla.org/
Entre las tareas pendientes y las muchas inquietudes compartidas, la confrontación y la lucha permanente contra los inmigrantes ha sido una de las más destacas. Las amistades de Roma, Milán, París y Beziers, vinculadas a la red SICSAL han compartido con los comités españoles su indignación y preocupación por la creciente persecución y acoso a las personas inmigrantes en situación irregular y las asociaciones que les dan apoyo humanitario -mucho me temo que el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo no haya hecho más que empeorar esta tendencia violenta.
Nos han hablado de los Círculos de silencio, un espacio de denuncia social y pública de situaciones que vulneran los derechos humanos de las personas inmigrantes. Hemos anotado en la agenda los deberes para el próximo curso…
Otro de los temas compartidos y que hoy no deja de alertarnos en nuestros correos con un suma y sigue de adhesiones y nuevas denuncias, ha sido la represión que se ha desatado en el Norte de Perú ante la protesta de miles de indígenas que se oponen a la exploración y extracción de recursos naturales por parte de la multinacional francesa Penneco y la española Repsol, entre otras. Los muertos ya se cuentan por decenas. Aunque las informaciones tengan que contrastarse siempre, es importante que lo podamos hacer también desde el lado menos mediático: http://www.sicsal.net/articulos/node/926
A pesar de la consternación y la rabia, ha sido por encima de todo un gran encuentro fraterno, apasionado y lleno de esperanza. Quizás porque todos escuchamos de fondo la misma banda sonora de nuestro empeño humanitario: el grito de Romero - ¡cese la represión! - o las palabras justas de Casaldáliga - maldita sea la cruz que cargamos sin amor.
Para avivar las emociones y recobrar la energía que nos ha proporcionado el encuentro, sólo tenemos que recordar los pequeños detalles: las sonrisas y los abrazos, mucho más nutritivos que las comidas o las pausas del café, ¡a pesar de caernos como gloria!; las eucaristías sin escalones ni púlpitos, porque las personas que la compartimos nos sentimos iguales y nos miramos a los ojos de frente; las risas cómplices que invitan a futuras visitas, fiestas, cánticos y manifestaciones de amor y de protesta; y, ¡cómo no!, las sábanas rosas de la cama que me ha tocado: un lugar en el que descansar y abrigarse después de un largo día; un espacio íntimo, privilegiado y pacífico desde el que dar gracias y comprometerse para levantarnos al día siguiente con la misma rebeldía.
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20 Mayo 2009
Hay días que no faltan motivos para la desgana. Sobre todo cuando constatas que hay personas que no se recuperarán en la vida de la cobardía o la pereza con la que contemplan el mundo. Se quedan mirándote de brazos cruzados mientras tú, con tu insignificante militancia, te ahogas intentando cruzar el mar de la vida, acompañando a algún nadie, insignificante como tú mismo. Ni siquiera valen para tirarte una cuerda (¡mojarse sería demasiado!) y si te descuidas… ¡lo mismo te echan la cuerda al cuello!
En fin, querido compañero de fatigas, seguiremos haciendo lo que se pueda… ¡porque es lo justo!, y no somos inocentes.

Desganas
Si cuarenta mil niños sucumben diariamente
en el purgatorio del hambre y de la sed
si la tortura de los pobres cuerpos
envilece una a una a las almas
y si el poder se ufana de sus cuarentenas
o si los pobres de solemnidad
son cada vez menos solemnes y más pobres
ya es bastante grave
que un solo hombre
o una sola mujer
contemplen distraídos el horizonte neutro
pero en cambio es atroz
sencillamente atroz
si es la humanidad la que se encoge de hombros
Mario Benedetti
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12 Mayo 2009
Me tumbo un rato a tomar el sol. Una pausa breve antes de retomar el trabajo. Es imposible no planear huidas cuando el toldo regala contraluces. Además hoy me dejo llevar por la caricia de una voz que siempre será azul, como las líneas del mar… El aliento de uno de “mis tristes” favoritos (inmortal en mi universo musical junto a Enrique Urquijo, con el que hoy se reúne, seguro).
Sé que los recreos siempre estarán ligados al recuerdo de Antonio Vega. Hay nieve, hay fuego, hay deseo allí donce me recreo... Los recreos y el primer amor de una de mis amigas de la infancia, al que por diferentes motivos seguiré relacionando con el músico… Murió incluso mucho más joven que él, también enfermo.
Hoy pensaba colgar cuatro fotos de mi última escapada a la costa, pero me conformo con una sola. Un modesto tributo en forma de agradecimiento por los recreos musicales que nos ha brindado este gran poeta.
Días que no volverán suena ahora de fondo y me confirma que hay cosas que no cambiarán mientras viva. Estarás en mí para siempre.

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30 Abril 2009
Aprovechando la revelación que ayer me brindó una amiga colombiana casi puedo confirmar que estoy cerrando un ciclo… ¡O abriendo uno nuevo!, depende de cómo lo miremos (quizás ambas cosas a la vez). Parece ser que el número mágico es el 9 y no hace falta indagar mucho en el misterio ni en las mancias para entender que el 9 es un número clave en el ciclo vital de la especie humana. Sumando estos dos meses últimos –y exactamente desde el día 1 de agosto- completo un ciclo.
No lo tenía calculado, claro, y por eso creo que la intuición se corresponde con esta certeza de ánimo holístico que me ayuda a percibir donde está la luz y donde siguen las pequeñas nubes que ensombrecen el sendero –ricos matices para la nueva mirada que ahora los observa. Y es que las personas controladoras (como esta ambiciosa aprendiz de la vida) cuando nos estrellamos, lo hacemos con gran estrépito. Pero más tarde o más temprano, también conseguimos levantarnos, recomponernos el vestido, plancharnos las heridas y entender que nuestro poder de influencia llega hasta donde nos permite el Dios de la Vida y la Madre Naturaleza. ¡Y siempre dando gracias!
Cierro un ciclo, pues… También me lo ha dicho Asturias, la patria literaria que me guió en la revelación por capítulos de El abrazo náufrago. La visita al escenario amado no ha sido casual. En la fragua del tiempo se estaba cociendo y moldeando esa presentación para que llegara precisamente ahora. Sí, soy de esas personas que necesitan respuestas existenciales para fluir, pero que se conforman con una lluvia de flores cuando tienen que tomarse la vida con más calma.

Siento que Asturias ha llegado para ponerle la guinda a este paréntesis laboral que he consumido sin complejos –aunque al final me haya arrancado los colores- y que ha sido nutritivo y energético, como una barrita de cereales con miel en medio de una escalada.
Colunga me dio la sorpresa de reunirme con Trini, amiga de infancia que viajó conmigo a Melilla -¡donde la naturaleza me dio una gran lección sobre su poder! Estaba pasando unos días de vacaciones con Edu en la costa asturiana y por supuesto, ¡no iban a perderse mi presentación! Mi madre, que fue cómplice de la sorpresa, podría emplearse en un programa de cámara oculta -¡la prueba de su excelente trabajo y mi cara de estupor la tenemos en vídeo!
La presentación fue entrañable. En familia, como había imaginado, pero en familia numerosa, porque en la sala éramos más de 25 personas. Algunas ya habían leído la novela y me dieron alas para volar confiada, ¡porque conseguí que reconocieran Ranamanca!, en Caravia, en el Puntal, en Lastres, en Rodiles… ¡qué más da dónde esté exactamente!; lo importante es que les parezca posible encontrarlo donde deseen, cerca de su escarpada mar, y que les haga cómplices de Clara; que la acompañen de la mano por el paraíso de su infancia, tan capaz de curarlo todo.
Mi caballero andante me regaló flores durante el viaje, pero la rosa me la brindaron desde el área de Cultura y la Biblioteca de Colunga, nada más abrir el acto. El concello asturiano se hermanaba con la tradición catalana de Sant Jordi en esta inolvidable Fiesta del libro 2009 para la que escribe. Fue un detalle simbólico hermoso, de respeto y admiración mutua entre culturas. Y luego vino mi larga exposición –porque como no me gusta hablar…- la curiosidad del público, las sonrisas que te invitan a ir más allá, los elogios que se convierten en presentes de vida, las preguntas sabias que dan para reflexionar en casa… Y por si fuera poco, aunque les aseguras que el libro está disponible en la biblioteca, hay 8 personas que compran el libro, se acercan para que les dejes una dedicatoria y te corresponden con pedacitos de colores de historia vital: María José, Lilián –como Lilián de Celis, ¡ahora lo sé!- Loli… ¡qué pena que no recuerde el nombre de todas! Pero espero que me escriban para refrescármelo y para compartir impresiones.
¡La que ya me ha escrito es María José!, otra amiga trotamundos que hicimos dos días más tarde, en los Bufones de Llames (¡no confundir con Llanes!) y gracias a la cual pudimos conocer el espectacular acceso a La Cuevona. Me gustó su escueta respuesta, antes de despedirnos, cuando nos dimos el correo electrónico después de una agradable charla entre los acantilados: “te aseguro que soy de las que respondo” le dije, y ella me sorprendió con un “¡tranquila, yo soy de las que espero!”. Buena lección esa de saber esperar, sí señora…

A mí el primero que me lo enseñó en literatura fue Machado: “Sabe esperar, aguarda que la marea fluya –así en la costa un barco- sin que el partir te inquiete. Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya, porque la vida es larga y el arte es un juguete. Y si la vida es corta y no llega la mar a tu galera, aguarda sin partir y siempre espera, que el arte es largo y, además, no importa”.
Pero curiosamente hoy encontré un poema de Ángel González, que sé que María José admira –igual que tú, amiga Giverny- y casi podría enlazarlo con el de Machado para cerrar este laaaaargo post; un poema que también entusiasmaría a Clara...Ya nada es ahora.
Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo
Pero nada ya ahora
-ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa-
podrá evitarlo:
exento, libre,
como la niebla que al romper el día
los hondos valles del invierno exhalan,
creciente en un espacio sin fronteras,
ese amor ya sin ti me amará siempre.
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