La Coctelera

Marea de palabras

O la mar en la que habitan mis cuentos

1 Junio 2007

El del pirata Cinco Puntas

El pirata tenía los dos ojos sanos, pero usaba un parche. Había encontrado una bonita estrella cosida en un pantalón de su infancia y la utilizó, un buen día, para taparse un ojo. Siempre había gozado de una vista excelente, pero desde que llevaba aquella estrella rojinegra reduciendo su campo –o más bien mar- de visión a la mitad, percibía la realidad de manera distinta. Sus aseveraciones eran menos tajantes y donde antes veía una ballena, ahora decía ver una isla.

Además el parche le había aportado una felicidad inesperada, porque aumentaba su agudeza e ingenio, además de mejorar su convivencia con el resto de la tripulación. No paraba de contar historias de otros mares más justos, donde los barcos piratas no tenían porqué ser enemigos. Al contrario, se aliaban contra la extorsión de los corsarios que pagados por los conquistadores del Imperio Económico enviaban a colonizar los lugares más remotos, para apropiarse de sus riquezas y someter a su pueblo.

El caso es que el capitán de la tripulación, un hombre mezquino y autoritario, estaba bastante harto, porque desde que el pirata se había colocado el parche de estrella, él había perdido poder. Y lo que era peor: sus hombres habían desplazado el afán de codicia, por la ambición de navegar en paz, sin tener que tomar las armas nunca más.

Para intentar ganarse de nuevo a la tripulación, el capitán decidió aceptar el encargo de un gobernador con aspiraciones imperialistas, que prometió recompensar sus servicios con el precio en oro de varios cañones de su navío. Estaba seguro de que sus hombres acabarían cayendo en la tentación.

Aquello fue decisivo para el futuro del Pirata Cinco Puntas. La misma mañana que el capitán anunciaba sus nuevos planes ofensivos, el pirata del iris estrellado -que era como le conocían popularmente sus compañeros- encabezó una huelga a bordo y se reveló contra las órdenes impuestas. El capitán no pudo ofrecer resistencia cuando se quedó solo, sin armas y sin argumentos.

Cuentan los que navegaron con él, que la mayoría de piratas decidieron quedarse en el barco y buscaron la forma de navegar en paz, haciendo frente a los abusos y los asaltos, aunque no siempre fuera fácil la convivencia. También cuentan que son una flota curiosa. Un día navegan con un parche en el ojo, otro saltando a la pata coja, el siguiente con un brazo atado a la espalda... Y se les puede escuchar reír a diez leguas.

El pirata del iris estrellado también sigue por ahí, surcando los mares. Algunas veces se le reconoce porque va guiñando el ojo descubierto a la libertad.

servido por lamardecuento 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

julii

julii dijo

muiii buena la noota :)
besiitos

2 Febrero 2009 | 09:02 PM

arquera-loca

arquera-loca dijo

Mañana mismo me pongo un parche, creo que dentro de las opciones, esta es la que más me gusta.

Muy bonito relato

Besos

2 Febrero 2009 | 11:08 PM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

¡Mi querida amiga!

Hubo un tiempo en blanco y negro, más allá del horizonte rojo-sangriento que había sido la tónica general del país no mucho antes, en el que un apretado grupo de jóvenes aún con la adolescencia cosida a las ilusiones personales araban con sus botas de alta y maciza goma un terreno reseco, polvoriento y sembrado de guijarros -un terreno consagrado entonces a Marte y afortunadamente hoy, a la Ciencia y al Conocimiento-, que más que cantar, bramaban, una especie de canción muy acorde con el lugar en el que se encontraban y que en sus primeras estrofas decía así:

“Pata Palo,
es un pirata malo,
que come pulpo crudo
y bebe agua de mar,

Y cuando,
le sale un barco,
le pega un salibazo
que lo hace naufragar.”

Como ves, Mireia, nada que ver con un Bob Dylan o con el más casero Sabina,
pero tal como te decía, muy apropiado en aquel recinto castrador de ideas y de voluntades, y por tanto totalmente satisfactorio para el grupo de figuras en sepia que les dirigían y arengaban.

Tu bello cuento me ha traído a la memoria ésta otra realidad vivida en una época en la que las historias de Piratas buenos, Piratas que portaban en lo más alto del penol de su imaginación no la bandera negra, sino una rama de olivo sobre fondo rosso-nero; Piratas con estrellas de cinco puntas por corazón; Piratas que, en sus singladuras, decían haber dejado atrás el mar de “las miserias” y arribado a la isla de la Utopía, solían acabar mal. El sheriff del condado enviaba en su búsqueda a corsarios disfrazados de gris-sombrío o de verde-ruin y, una vez localizados, se les sometía a “hábiles interrogatorios” y más tarde eran llevados cargados de cadenas a profundas y tétricas mazmorras.

En aquel tiempo en blanco y negro, tan sólo se permitían Piratas malos, como el de la canción, que servían para desfogar ansias juveniles y, bramando bramando, hacer hombres de verdad. Al menos … ¡eso nos decían!

Me alegra leerte querida amiga, y si ves por la playa algún Pirata de iris estrellado, ¡salúdalo en nombre de un viejo y fatigado lobo!

3 Febrero 2009 | 02:18 AM

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MAR. Masa de agua. Brisa. Salitre. Esencia de mi ser. Musa. CUENTO. Nudo en las entrañas. Aliento. MAR-CUENTO. Vida y literatura.

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