La pausa del café
No estoy precisamente tomando el sol, pero eso es más o menos lo que supone la pausa del café. En el trabajo, en la calle o en casa. Moverse de la silla, estirar las piernas, concentrar la energía y los gestos en otra cosa... ¡Casi un ritual! cuando es café de cafetera. Yo lo tomo soluble, con la leche muy fría, en pequeñas dosis de "justicia", porque es un café de cooperativa. Cuando lo tomo fuera de casa, lo mejor casi siempre es la compañía, no el gusto del café. Si no existiera la hora del café, habría que invertarla. Propongo "la pausa de la galletita" -dulce o salada, da igual. Es el placer -o pecadito de gula- que siempre echo de menos cuando estoy lejos de casa, en alguno de esos lugares donde tomarse un respiro (aunque sea sin café y sin galleta) es un privilegio maravilloso, que se sabe valorar.
