A los que nos da por escribir, también nos acaba afectando cierto narcisismo. Es vanidoso incluso reconocerlo, pero así es.
Hay días que podemos pasar horas leyendo y releyendo páginas escritas. Quitando una coma de aquí, arrastrando una palabra hacia allá o cambiando el orden de la oración, porque a diferencia de las matemáticas, en la literatura, el orden sí altera el producto.
Como en el mito de Narciso -aquel pastorcillo griego que acabó enamorado de su propio reflejo- a veces corremos el riesgo de admirar demasiado nuestra obra, con tanta relectura y repaso. Creo que son pequeñas trampas que nos tiende la literatura. ¡Es tan viva! Por hoy dejo el narcisismo, pero sólo hasta mañana. En cuanto me quite de encima la corrección pendiente, podré seguir con la pesca.
La imagen es de un libro ilustrado por Marisa Bendala.

Lamar, este post no es una simple respuesta cordial a tu comentario en mi blog, es una necesidad irremediable de compartir cojntigo mis impresiones acerca del narcisismo del escritor.
Estoy completamente de acuerdo en ello, paso horas releyendo lo que escribo, mejorándolo, me reúno con amig@s que hacen lo mismo con sus criaturas/creaciones y nos criticamos sin reparos ni maldades, nos aconsejamos siempre desde nuestra paciente y bienintencionada opinión. Pero escribir implica necesariamente corregir, y la labor de la corrección es casi más duras que la de la propia escritura.
Todo lo que digo, por supuesto, lo digo por mí.
Hay que ser paciente, y estar convencido de que lo que haces merece la pena para ti, no que valga para ser publicado o estar en un estante, sino que te sirva a ti, que te satisfaga, que pueda subir y bajar por tu cuerpo como coletazos de corriente, que te hagan sentir bien cuando a alguien le gusta, y que te haga sentir fatal cuando sientes que has forzado un final. Los relatos, cuentos, poemas, novelas, son como personas... los personajes son personas, nosotros somos personajes, podemos ser Eco primero, rechazados y rotos; pero si llegamos a ser Narcisos, siempre con modestia y humildad, pero reconociendo la belleza que brilla en las letras, aunque sean nuestras.
Perdón por el rollo, es mi manera de animarte y darte la bienvenida a este mundo, a veces un huracán de visitas llegará a tu costa, a veces estarás días con el puerto vacío... pero como las corrientes, a veces llegan cálidas, a veces frías.
Besos y ánimo. Me encanta cómo escribes Narcisilla
De rollo nada. Al contrario. Gracias por esa bienvenida tan explícita. Quería añadirte como amigo, pero necesitaba tu permiso... Ya lo tengo.
Hoy acabo de corregir mi primera novela -por enésima vez- porque por fin voy a correr el pequeño riesgo de pubicarla. Tienes razón. No la corrijo solamente para los demás. La reviso y no hago más que pulirla para mi, para satisfacer mi propia ambición de mejorar lo que escribo. ¿Sabes cuál es el problema? Que creo que no acabaré de conformarme nunca con el resultado. Pero "la criatura" tiene que emanciparse, me digo. Hay que dejarla volar de una vez. Fue fruto de unas circunstancias y de una experiencia literaria determinada -vale, quizás poco madura todavía- pero si una vez la elegí y la quise como está, debo aprender a apreciarla con sus virtudes y defectos. ¿Será porque soy muy inquieta y ya tengo la cabeza puesta en otras historias...?
Bueno amigo, aquí seguimos para compartir inquietudes literarias. Hoy he leído tu post "El único espectador" y me has arrancado una sonrisa, así que ya somos cómplices, jeje
Un abrazo!
Fa temps vaig sentir un poeta que explicava que els seus poemes no els acabava; senzillament, a cada rellegida hi canviava alguna cosa, fins que hi havia un dia que decidia abandonar-los. Pos eso.
"Pos eso", company! Ahora un adjetivo, luego un nombre y mañana un verbo. Unos días los puntos suspensivos y al siguiento "el punto y coma". ¡El caso es que nuestras historias estén vivas! Y sobre todo que un día nos pidan la libertad.
(De moment sense notícies sobre la cita pendent...)