La Coctelera

Marea de palabras

O la mar en la que habitan mis cuentos

12 Septiembre 2007

La hija adoptiva de Yemanjá (II)


No fue la inocencia lo que llevó a la joven Ibru en brazos del hombre blanco. Una pasión primitiva, como los pájaros rumiantes que habitan en los árboles del Araguaia, y una extraña coincidencia, propició el encuentro de sus pasiones.

Fue un par de días después del paso del fotógrafo por la aldea. Había alquilado de nuevo la embarcación y los servicios del guía, amigo del padre de Ibru, para explorar otros límites del río. Cuando el sol empezaba a caer, una providencial avería, justo frente a la aldea de Ibru, los animó a pedir ayuda a su familia. Como cabía esperar de un buen amigo, el padre les brindó la pequeña barca de pesca, y como nadie esperaba su regreso, los invitó también a quedarse esa noche en la aldea.

Fue un atardecer mágico para la inquieta Ibru, ávida de ver otros horizontes más allá del río, aunque fuera solamente a través de una cámara digital. Sus manos aprendieron rápido el manejo de la máquina y el hombre se vio hechizado por la mirada anhelante de aquella aplicada alumna. Comieron y bebieron junto a los demás, conscientes de la proximidad de sus alientos y sin mediar palabra, sin premeditación ni malicia, cuando la negra noche cayó sobre la aldea, los dos se encontraron vagando por la orilla del río, desesperados por resumir el anhelo de aquella extraña sintonía.

No hubo testigos de su entrega, a excepción de la diosa Yemanjá que iba camino del mar en su paseo apacible por las mansas aguas del río. En el destello de los cuerpos desnudos presagió la despedida y las inevitables consecuencias de tanta devoción... Se equivocó solamente en el orden.

Al día siguiente, el hombre de ojos de jaguar, como todavía lo recuerda Ibru, zarpó en la barca de su padre y se alejó de la aldea. Entre las manos le dejó una alianza plateada y una caricia cálida, recuerdo de una noche de mil abrazos. Ella le entregó una muñeca de cerámica, igual de inocente que su primer beso.

Semanas después, en una noche luminosa de luna llena, Yemanjá encontró a Ibru a la orilla del río, haciendo honor a su nombre, desconsolada. Apenas hacía un año de la fiesta de su primera menstruación y muy pronto su vida sexual sería pública en la aldea ante la evidencia de su embarazo. No podría explicar cómo nacía aquella vida en sus entrañas cuando los ancianos de la familia ni siquiera le habían elegido marido... Las lágrimas conmovieron a la diosa y se compadeció de la joven karajá.

Cuenta la leyenda que los botos, los conocidos delfines rosas que habitan en el río Araguaia, pueden dejar embarazada a una doncella... Así que Yemanjá buscó la complicidad de uno de los mamíferos para rondar a Ibru y se preocupó de que todos en la aldea fueran testigos de la coincidencia de que, cada atardecer, el mismo boto rosado visitaba la ribera del río, frente a la casa de Ibru, emitiendo estrepitosos ruidos al respirar.

Y fue así como todos tuvieron la certeza de que aquel boto era el padre de la criatura que Ibru engendraba y hasta la propia joven empezó a dudar de que el hombre amado que una vez pasó por la aldea no fuese en realidad aquel boto camuflado...

Meses después, la pequeña Maurehy, la hija de Ibru, nació en el agua, casi sin avisar, como todas las hijas adoptivas de Yemanjá... Es una niña muy despierta, de ojos ambarinos, piel fresca y mejillas sonrosadas...

servido por lamardecuento 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

giverny

giverny dijo

¿Sabes? me trasnporta tu narración a un estado de tranquilidad, es una sensación agradable.
Te sigo con mucho interés.
Besos guapa:-)

13 Septiembre 2007 | 11:25 PM

lamardecuento

lamardecuento dijo

Me alegro mucho. Sobre todo por ese estado al que te ha transportado el cuento, porque es así como me he sentido al lado del río Araguaia en los momentos cruciales que atesoro en mi memoria. Es una sensación de levedad y paz muy agradable. En comunión con la naturaleza. Especialmente durante la aurora y con la salida del sol...
Un beso y feliz día, amiga!

14 Septiembre 2007 | 08:52 AM

David

David dijo

Hola.. ese cuento fue lo maximoo de verdad que transmite un tranquilidad.. de verdad que me gusto mucho.. espero leer otro ase...maferefun Yemaya todos los dias del mundooo suerte amiga.. bye

28 Octubre 2008 | 04:17 PM

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MAR. Masa de agua. Brisa. Salitre. Esencia de mi ser. Musa. CUENTO. Nudo en las entrañas. Aliento. MAR-CUENTO. Vida y literatura.

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