Llegar a algunos días se asemeja a avanzar hacia la utopía, tal y como lo describe Eduardo Galeano: “Ella está en el horizonte, me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos, camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve. Para caminar”.

Hay días que parecen tan lejanos como la utopía. Parece que están llegando y una se esfuerza por seguir recorriendo el camino, pero luego descubre que está un poco más lejos de lo que pensaba… Está bien. Me seguiré armando de paciencia. Al menos hoy he recibido buenas noticias –ya están trabajando en la portada- y divertidos encefalogramas literarios. Gràcies company!

Lo que también parece cada vez más utópico es recobrar la normalidad informática en casa. Ahora que la torre del ordenador ha pasado por las manos de un habilidoso “mecánico” informático autodidacta y que he recuperado la conexión a Internet, resulta que hace tonterías el teclado inalámbrico. Es como si se hubiera rebelado contra mis dedos. Vamos, que no me sigue cuando escribo.

Sí, lo sé, escribo rápido y a veces medio atropellada, pero antes mis manos y el teclado estaban sincronizados. La sintonía entre ambos era perfecta. Cuando yo escribía “Eduardo”, él adivinaba que luego venía “Galeano”, y cuando empezaba a teclear “pescando” él se preparaba para rematar con “cuentos”.

No sé que nos está pasando. Quizás nos estamos distanciando… O quizás ha adivinado que existe “otro” -el nuevo portátil- con el que “hago manitas” de vez en cuando. Esto lo he deducido porque su comportamiento hostil suele manifestarse conmigo y no con Rafa, al que parece respetar todavía.

El caso es que esta tarde me ha recibido cariñoso. Yo, sospechando sus celos, le he entrado más suave que de costumbre. Respetando su ritmo y todo eso, ya sabéis. Me he esforzado por acariciar sus teclas, tocando aquéllas que más le gustan, y creo que sus pulsaciones se han acelerado. No hemos llegado a correr, pero la cosa estaba animada, ya me entendéis. ¡Con alegría!

Todo ha empezado a torcerse cuando he abierto el correo electrónico… Allí estaba por fin aquel destinatario –y sobre todo sus sugerencias para la portada. Pues bien, no sé si han sido mis insinuaciones sobre la fotografía marítima o mi diligencia para ponerme “manos a la obra”, pero de nuevo se ha vuelto esquivo y huraño. Tenía que obligarlo a escupir las palabras con manotazos y casi hemos llegado a faltarnos el respeto… Ha sido inútil. Ha vuelto a ese ostracismo que aborrezco –y reconozco que he estado a punto de echarlo de casa con viento fresco.

¡Ay!, no sé como explicarle que esa relación es meramente profesional, que no hay nadie que lo esté suplantando. Después de haber vivido tantas páginas juntos, me dolería mucho tener que abandonarlo precisamente ahora, cuando por fin estamos cerca de dar a luz a nuestra primera criatura literaria…

No sé, no sé…. No sé qué nos está pasando, pero creo que vamos a darnos un tiempo. De momento estoy escribiendo este post en el portátil. Su teclado es muy distinto. Sin tantas curvas, ni cicatrices. Sin memoria y complicidad. Frío, aunque responda diligente a mis impulsos físicos…
¡Ojalá mi teclado inalámbrico y yo podamos recuperar la química! Pero si no puede ser, ¡ya nadie nos quita lo bailao!