He abierto la puerta y se me ha cortado la respiración. Había un bulto desconocido en el suelo, en medio de la oscuridad. El habitáculo que comunica el parquing y la escalera de mi edificio no tiene luz. Es de la medida justa de un paso a ciegas. El obstáculo estaba justo al final de ese paso, a los pies de la puerta. En el primer temblor, he pensado en una rata. Luego en un paquete bomba. Esforzándome por ser razonable he creído reconocer el envoltorio de una bolsa de patatas. Cuando mis ojos se han acostumbrado a la penumbra he visto la caperucita roja. No había lobos en la costa. La he dejado sentadita en un peldaño.