He abierto la puerta y se me ha cortado la respiración. Había un bulto desconocido en el suelo, en medio de la oscuridad. El habitáculo que comunica el parquing y la escalera de mi edificio no tiene luz. Es de la medida justa de un paso a ciegas. El obstáculo estaba justo al final de ese paso, a los pies de la puerta. En el primer temblor, he pensado en una rata. Luego en un paquete bomba. Esforzándome por ser razonable he creído reconocer el envoltorio de una bolsa de patatas. Cuando mis ojos se han acostumbrado a la penumbra he visto la caperucita roja. No había lobos en la costa. La he dejado sentadita en un peldaño.

Gracias por tu comentario, me gusta como escribe, aunque he leído poco. Mañana, cuando mi espalda me dé un respiro con los albores del día, te leeré más. Bona Nit ¿se dice así?
:-)
Esa estela de misterio que dejas... mmm... me deja deconcertado. Cada vez me agrada más tu maera de palabras. Sé que estás lejos de Madrid, pero estás más que invitada a un humilde eventillo en el que humildemente participaré. Los detalles están en mi blog.
Ute mando un beso literario, lleno de comas, comillas, acentos y paréntesis (esos invisibles amantes de las letras)