La Coctelera

Marea de palabras

O la mar en la que habitan mis cuentos

2 Enero 2008

La fiebre del baloncesto (II)

Hay que empezar el año sin dejar cosas pendientes. Así que aquí va la segunda parte del cuento: La fiebra del balocesto. ¡Feliz 2008!

http://www.lacoctelera.com/lamardecuento/post/2007/11/28/la-fiebre-del-baloncesto(podéis leer aquí la primera parte).

En apenas cinco minutos, contó unos sesenta y tres portazos. Como ella había elegido uno de los baños del fondo, nadie le metió prisa. Menos la suya, todas las puertas se abrían y cerraban con la misma celeridad que se habían producido los lanzamientos de pelota entre los jugadores. Unos treinta y seis portazos después, el bocinazo en la cancha apresuró las cremalleras, las medias y los cinturones. Pero ella estaba demasiado a gusto para moverse, sentada en la tapa del retrete, intentando cazar un enfriamiento. Hasta que sonó el móvil.

-¿Estás bien, nena?

-¡Jo mamá, es que no puede una ni mear tranquila!

-Es que ya ha empezado la segunda parte.

-Ya, pero es que en ésta tampoco juego, ¿no os lo había dicho?

-¡Qué graciosita eres! O vienes pronto o voy yo a por ti, Lucía.

-Hay ruido. No te oigo –y tiró de la cadena para ganarse un aliado- Vengo en seguida.

Cerró los ojos y se dispuso a despedirse de su refugio con pesar. Estaba poniéndose el jersey cuando el portazo la sobresaltó.

-¡Cómo me pones!

-¡Cómo me pones, tú! Con esas miraditas… Y esa faldita..., ¿es el nuevo uniforme de las animadoras?

Las voces no venían del lavabo, sino de la pared de al lado. Frotó con la camiseta sobre la superficie manoseada y pegó la oreja.

-Sí, ¿te gusta? ¡No, pero ahora no, aquí no! Tengo que volver a la pista en diez minutos, ¡y tú también! Te deben estar buscando.

Coño, pensó Lucía, ¿se había escaqueado de la cancha un jugador?

-Uno rapidito, anda. Nos da tiempo.

-¡Ay, estás loco! Un día de estos nos pillan y fijo que tú sales en todas las portadas.

-¡Pues me busco curro en otro club! Ven aquí…

La animadora empezó a jadear y Lucía se sentó de nuevo en el inodoro para gozar de la audición. Seguía en sujetador, pero la temperatura de su cuerpo había empezado a subir de nuevo. ¡Joder! Si a su madre le daba por ir a buscarla se iba a llevar un buen susto. La construcción de los lavabos era muy frágil y las paredes tenían más peligro que el camarote de los hermanos Marx.

-Vamos preciosa, ¿a quién te estás tirando hoy…?

-Al tipo más grande de la pista.

-Ese soy yo, reina.

Lucía se llevó la manó a la boca para ahogar la risa.

-Buena asistencia, campeón

-¿Habías visto alguna vez pivotar así?

-Sólo a un profesional…

El móvil empezó a vibrar en el bolso de Lucía. Lo descolgó justo a tiempo de que la pareja pasara al contraataque.

-Ahora no puedo hablar mamá.

-¡Lucía, haz el favor de venir de una vez! Tu padre está que trina.

-Vengo en seguida –susurró.

-¿Te pasa algo? ¿Te encuentras mal?

-Sí, sí, sí –empezó a gritar la animadora aporreando la pared.

-¿Lucía…? ¿Dónde estás?

Cortó la comunicación. De todas maneras su madre no iba a creérselo. El silencio al otro lado llegó justo después de la carrera victoriosa del campeón.

-En este juego me encanta ser el último en llegar.

El tipo sabía quedar bien, pensó Lucía mientras se vestía a toda prisa. Quería pillar a la pareja cuando salieran de donde fuera que daba aquella pared de al lado. Con los apuros se olvidó la camiseta en el lavabo y se puso el jersey al revés, pero no se dio cuenta.

A unos discretos metros de la puerta de los servicios se hizo la remolona atándose una de sus deportivas. La animadora salió por una puerta de servicio –un cuarto de limpieza, seguramente- planchándose la falda y colocándose la cinta en el pelo. Ni reparó en Lucía, que cambió de estrategia y sacó el móvil para simular una llamada. Y entonces se abrió la puerta y salió el pollo gigante. Bueno, no estaba muy segura de si era un pollo o un pato. Que tenía un buen pico era evidente. Y Lucía lo sabía de buena tinta.

Siguió a la mascota del equipo local hipnotizada. El pato gigante bailaba feliz entre los aficionados repartiendo golpecitos amistosos y despeinando cariñosamente a los niños.

Lucía seguía sonriendo cuando llegó a su asiento en la grada. Su hermano Roberto la recibió con temple. Pero la mirada de su madre le esperaba en el refrigerador.

-Siempre tienes que dar el espectáculo ¿verdad?

-Y dale mamá, que yo no juego.

-Ya hablaremos de tus jueguecitos más tarde. De momento te vuelves al baño y te pones bien el jersey. ¡Qué bochorno contigo hija!

Antes de desaparecer por las escaleras, camino del lavabo, Lucía vio al pato moviendo la colita, a un lado de la cancha. Mientras, las animadoras hacían extraordinarios saltos con las piernas abiertas.

El partido lo estaba ganando el equipo visitante. La pista ardía.

FIN

servido por lamardecuento 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

Mireia...,

¿Qué decir..? ¡Me parece sensacional!

Cambias por completo el pulso del "primer tiempo" del partido y en esta segunda parte, además de la calidad literaria, introduces una pizca picante al mismo que le proporciona "calor" y color.

Un beso, amiga.

3 Enero 2008 | 12:45 AM

giverny

giverny dijo

¡¡Ya tocaba!! Te mereces la mejor.
Aprovecho para desearte un feliz año.
Petons!!!

4 Enero 2008 | 08:26 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

MAR. Masa de agua. Brisa. Salitre. Esencia de mi ser. Musa. CUENTO. Nudo en las entrañas. Aliento. MAR-CUENTO. Vida y literatura.

Fotos

lamardecuento todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera