-Los angelitos no existen.
-¡Sí existen!
-No existen. Y Dios tampoco.
-¡Mentirosa! Te va a crecer la nariz como a Pinocho.
-Eso es sólo un cuento. Te toca.
-No. No juego más contigo.
-Pues me voy con mis canicas. Ya no quiero más.
Cristina recogió el ojo del huracán, el globo de adivina, las ruedas del dragón, el corazón roto de su padre, las dos lágrimas gemelas, las cuentas del collar de boda de su madre muerta y, por último, su preferida: la bola mágica de los deseos. Las metió en su bolsito de pelo de caricias mientras miraba a Julia de reojo, que todavía sostenía aquella reluciente canica nueva entre los dedos. Había traído un montón de bolitas más en una botella de gaseosa. Se las había regalado su hermano.
-Bueeeeno, pues la llamaré diente de león ¿vale?
-Eso sí, porque los angelitos no existen. Ya te lo he dicho.
Julia resopló con resignación pensando en los algodones de las flores amarillas. Su madre le había dicho que ahora tenía que tener más paciencia con Cristina.
-Te toca. Venga, elige otra.

Vamos a ver....Yo, le llamaría magia, porque mágico es el cuento...
Querida amiga, te dejo una estrella errante que anoche encontré en el parque mientras mi perrito me sacaba de paseo.........
Un beso, amiga mía.
Los "angelitos" de la foto si...:-)
Este soplo ha sido una caricia angelical.... porque sí los angeles existen, lo que pasa es que no los vemos porque a veces se disfrazan de dientes de leon .....
Dudo sinceramente que exista placer mayor que llegar a una orilla después de nadar sin norte durante jornadas enteras y descubrir que lo que hay en esa playa es tal vergel que el mismo dios habría abierto los ojos como platos al verlo.
Eso es la metáfora de lo que me ha pasado al leer Angelitos después de tantos días, de tantas semanas, sin pasar por tu exposición de historias.
Prometo no dejarte literariamente sola, por tanto tiempo, nunca más.
Besos, yo voy en una línea un poco más cruda, pero siempre me inspiras ternura y me ambias el chip. ;) Espero que 2008 vaya viento en popa destino a una bella costa