Larvas invisibles
Este fin de semana ha dado para un sinfín de relatos. Comenzando por el viaje en metro, que como una gran manzana devorada por gusanos siempre está llena de recovecos para buenas historias. En el andén, la fotografía de algún que otro político ya ha sido crucificada por negar espacio territorial y social a las familias inmigrantes que llegan de fuera. Dicen que en este país no cabe todo el mundo… pero eso sí, exaltan los grandes valores de la familia. ¡Qué contradicción para mí, que mi familia está repartida por tantos rincones del mundo…!
Las larvas de miles de historias, tantas como las que circulan bajo suelo, reptan también en el exterior, por las esquinas de la capital cuadriculada. En cada rincón hay matices de colores, sabores, anhelos, encuentros, tropiezos, rumores, denuncias… y carteles de rebajas, por supuesto. El consumo nos reclama desde todas partes. Es omnipresente en carteles fijos y vehículos rodantes, en luces de neón y fotografías mates, en acogedores tiendas y sombríos callejones (o en bares) donde se ahoga la búsqueda de todo lo que es perecedero.
Pero llegamos hasta la Universidad y las espirales de sueños y pasiones llenan las aulas para reflexionar, compartir, construir un mundo distinto... Éramos más de 2.500 caracolas de mar dispuestas a acercarnos al oído de alguien y susurrar:otro mundo ya es posible. Las aulas se hicieron pequeñas para responder a la convocatoria del Fòrum Social Català, el FSCAT, para hablar de derechos sociales, laborales y económicos; de las estrategias y campañas contra el imperialismo, la guerra y el actual modelo de globalización neoliberal; para plantear la búsqueda de alternativas que no condenen a una persona por circular de un país empobrecido a un país rico –al revés, ya se sabe, no hay reprensión- que no condene a las mujeres por tomar la decisión de abortar, que no condene al planeta al agotamiento de los recursos naturales o a la humanidad a renunciar a derechos fundamentales...
Claro, debieron tomarnos solamente por una asamblea utópica (¡que lo somos!) o por un grupo de antisociales (¡y nada más lejos de la realidad!) y al día siguiente, el domingo 27 de enero, fuimos invisibilizados en los medios de comunicación. Y como invisibles que éramos, ese mismo domingo, recorrimos las calles, desde la plaza Universitat hasta la plaza Sant Jaume, algunas ondeando pancartas, como la de que otro mundo es imprescindible, pero sin las mujeres no es posible; otras haciendo sugerencias como la de la Ley de Extranjería para la reina Sofía; muchas recogiendo la dignidad y el respeto a los derechos que peligran: vivienda, trabajo, sexualidad, salud, educación, libertad de expresión…
Éramos miles de gusanos invisibles. Sí. Puede ser. Pero si lleváramos a cabo nuestra utópica metamorfosis del mundo, el cielo se llenaría de mariposas. Puede que incluso oliera como algunos rincones del metro, donde están las paradas de golosinas, con ese olor a nubes de nuestra infancia.





Jose Dominguez Dominguez dijo
Buenas tardes, mi querida amiga,
Se hace un tanto duro dar comienzo a un post llevando como anticipo ese ¡buenas tardes! estando las cosas como están; con negros buitres revoloteando sobre nuestras cabezas dispuestos a devorar, no solo las larvas sino tambien a las mariposas, ajenos a su belleza y a ese mundo de color que nos prometen, pero, se impone la cortesía y se ocultan los sentimientos.
Curioso mundo ese de las modernas catacumbas, venas subterráneas de la ciudad por las que circulan incansables, sueños, ilusiones, esperanzas y no pocos fracasos vestidos de seres humanos, escaparate perfecto de la multiculturalidad y diversidad étnica de la sociedad actual y espacio al que tan solo se asomarán los políticos a la hora de las inauguraciones o, como en este caso, en sonriente fotografía aunque triste sea su mensaje.
Mundo invisible para aquellos acostumbrados a pisar gruesas alfombras pero habitat cotidiano para los que, cual topos humanos, recorren con ojos aún somnolientos al amanecer o el cansancio vespertino, sus túneles, suben escaleras o descienden al reino del neón en donde invariablemente les solcitaran la moneda solidaria a cambio de unos compases de acordeón o, lo aún más triste, la palabra con acento balcánico, mientras el ojo del Gran Hermano los vigila, los persigue y los traslada al monitor del vigilante de turno. Mundo imprescindible en las frías noches de invierno cuando abre sus sucias bocas para ofrecer compañia y calor tibio a aquellos que se encuentran solos y perdidos en la fría e insolidaria sociedad.
Tesela invisible dentro de este magno mosaico de otras teselas tambien invisibles, como las del FSCAT, ocultas por los espejismos de la realpolitik y del aparente trunfo del neo-liberalismo y del fracaso del Humanismo. Triunfo de lo invisible y derrota de la democracia incapaz de asumir el fracaso del Sistema y lo necesario de acometer con imaginación, políticas tendentes a la consecueción de un mundo mejor, más libre e igualitario. Mientras esto llega, es un rayo de esperanza el observar estas miles de larvas invisibles que, aquí y allá, lentamente pero sin descanso, nos prometen días del arco iris.
Un cariñoso y agradecido beso, amiga mía. Sé que tu tiempo es escaso, pero si te sobra algo más de noventa minutos, te invito a que eches un vistazo a mi post "Why we fight". Te dejo unos sandwiches vegetales hechos por mí.
29 Enero 2008 | 09:00 PM