Esta semana se siente herida. Nadie acude a la llamada. La sirena silba y silba hasta la agonía, a la hora de costumbre, pero no aparece un alma por la escuela de mi barrio. También las calles parecen abandonadas; como el decorado de un escenario, acabada la función. Pero es una quietud ficticia, agazapada frente a la televisión, en pleno chantaje con los abuelos, revolucionando con risas las ludotecas… En el mejor de los casos, explayándose en nuevos escenarios de campo, ciudad o playa.

Espero que todas las vocecitas chillonas vuelvan a casa después de Semana Santa.

En Bagdad, hay seis niños que no han vuelto a clase, hoy. Los morteros aplastaron quizás sus ilusiones de ser, algún día, estrellas de fútbol. Jugaban en el patio de la escuela cuando los alcanzó la metralla. Seis vidas que se suman a un millón trescientos mil civiles iraquíes que han muerto desde la ocupación de Iraq, hace cinco años. Alguien los cuenta, sí. En este caso la cifra la facilita Iman A. Jamas, una escritora iraquí, autora del libro Crónicas de Iraq (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2006).

¡Y todavía hay sinvergüenzas que se atreven a decir que la situación en Iraq es "muy buena"! Yo los llevaba de Semana Santa a las ruinas de Bagdad, sin luz, sin pan y sin agua. Digo yo que algo se les removerían las tripas, si es que albergan vísceras humanas en el cuerpo...

Nota: podéis saber más sobre estos cinco años de atropello a la población iraquí en está página: http://baula-cor.blogspot.com/ o también en esta otra: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64658