Los días vuelan cuando son fértiles las horas. A pesar de la sequía, la primavera nos riega las venas y en la “Casa del Món” (del mundo) que estamos construyendo en mi barrio, se comunica con nosotras en una lengua distinta, como en los cuentos de las mil y una noches. Nuestro espacio de convivencia ha estallado con pétalos de sonrisas, nuevos nombres en árabe, complicidades y furia, para empezar por fin a conocernos.
“La mujer del pañuelo” es Hafsa, pero también es Fátima, Mimona, Maryam, Nabila, Shana… Y por fin tienen nombre y voz para el resto. Mientras los niños están en la escuela, sus madres también hacen clase. Sentadas en círculo, conversamos despacio, como se comparten las primeras frases de amistad en la infancia, y nombramos también con juegos y risas las ansias de saber. Los pañuelos coronan de colores el corro, las chilabas (yaalaba) ganan en número a los pantalones y las lenguas se precipitan en torrentes de agua llenas de flores de “azahar-azafrán-jazmín”…
Sí, el cuerpo está lleno de unos minúsculos e invisibles sensores que nos alertan de los cambios. A veces son como los detectores de humo de una escuela; siempre atentos a cualquier emergencia, durante nuestro constante aprendizaje; ten cuidado, no corras, no te precipites… Otras son como las nubes que anuncian lluvias en bosques sedientos; espera, ten paciencia, está por llegar… Y también algunas veces son sirenas estridentes que nos duelen como zarpazos; así llegan las noticias inquietantes, empujando las oraciones.
La sangre también tiene memoria. A la “niña prima Vera” le bulle y la enciende de recuerdos con sabor a madera, brisa de mar y uvas tintas. Año tras año, creciendo y madurando, pero sin dejar de hacer travesuras y brincar por los acantilados.
servido por lamardecuento
2 comentarios
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Quetzal dijo
Qué emotivo!!!!!!,
y pañuelos de colores, y lenguas diferentes pero lenguajes comunes... hacen del mundo... un lugar de convivencia.
Bienvenida la prima Vera...
hoy, francamente, has sido: primaveral
7 Abril 2008 | 10:02 PM