“Mmm… estamos de mantenimiento”. Así lo escriben, al menos, los de La Coctelera cuando te niegan el acceso. A mi, después de unos puntos suspensivos y de gemir suavemente junto al sol de mi ventana, me vienen muchas palabras a la cabeza, pero no se me hubiera ocurrido expresarlas con esa sustantiva verbal derivada, de acción y resultado: mantenimiento. Tras esas emes pegaditas, que no dejan escapar el aire entre los labios, mmm… imagino caricias de sol y de brisa, un sorbo de vino en el paladar, un abrazo en mangas de camisa...mmm…
Como en retórica, a modo de oxímoron los de La Coctelera quieren armonizar dos conceptos opuestos en una sola expresión: mi placer y su trabajo. Así que me he puesto a imaginar como podría conciliar mi suspiro con su dedicación… ¿Prolongando quizás, el deseo de un beso…? ¿Sujetando los extremos de una mirada audaz, de una punta a otra de la mesa…? ¿Reviviendo el recuerdo de un encuentro en medio del mar…? Mmm… sí, ahora sí estamos de mantenimiento. A flote.
Como nada apremia cuando quieres tomarte un respiro, les deseo a los cocteleros que se dediquen al mantenimiento con entusiasmo; con el mismo empeño que se mantienen los enamoramientos, pero sobre todo con la serenidad que nos deja tendidas al sol, en paz y satisfechas.
Visto así, puede que el mantenimiento también tenga que ver con mis ensoñaciones. Mmm...
Este fin de semana fui a visitar el Mar. Mi primer dia este año. ¡Como lo echaba de menos!
Paseando por un pueblito de ensueño acariciado todo el año por las espumosas olas mediterráneas, me encontré una flor, vivaz como una violeta, alegre y fresca como una margarita.
Un barquito velero en el horizonte me hizo un guiño por mi buena suerte.
¡Para flores generosas las que brotan silvestres en mi balcón! El barquito velero bien podría ser de papel... ¡y te está pidiendo un cuento! ;-))