“Mmm… estamos de mantenimiento”. Así lo escriben, al menos, los de La Coctelera cuando te niegan el acceso. A mi, después de unos puntos suspensivos y de gemir suavemente junto al sol de mi ventana, me vienen muchas palabras a la cabeza, pero no se me hubiera ocurrido expresarlas con esa sustantiva verbal derivada, de acción y resultado: mantenimiento. Tras esas emes pegaditas, que no dejan escapar el aire entre los labios, mmm… imagino caricias de sol y de brisa, un sorbo de vino en el paladar, un abrazo en mangas de camisa...mmm…

Como en retórica, a modo de oxímoron los de La Coctelera quieren armonizar dos conceptos opuestos en una sola expresión: mi placer y su trabajo. Así que me he puesto a imaginar como podría conciliar mi suspiro con su dedicación… ¿Prolongando quizás, el deseo de un beso…? ¿Sujetando los extremos de una mirada audaz, de una punta a otra de la mesa…? ¿Reviviendo el recuerdo de un encuentro en medio del mar…? Mmm… sí, ahora sí estamos de mantenimiento. A flote.

Como nada apremia cuando quieres tomarte un respiro, les deseo a los cocteleros que se dediquen al mantenimiento con entusiasmo; con el mismo empeño que se mantienen los enamoramientos, pero sobre todo con la serenidad que nos deja tendidas al sol, en paz y satisfechas.

Visto así, puede que el mantenimiento también tenga que ver con mis ensoñaciones. Mmm...