No soy visual, dice mi compañera de trabajo,
Sin embargo hay mudanzas que sí aprecio. Quizás porque tienen que ver con otros cambios más profundos. Por ejemplo, cuando podaron la hiedra salvaje que trepaba el muro de una finca y que me acariciaba todas las mañanas el hombro, de camino o de regreso al trabajo. Teníamos una relación especial esa hiedra y yo... Casi de hermandad.
Además, hay días que no quiero mirar alrededor. Lo reconozco. Le pongo un candado a las imágenes y me quedo con las de Ayer, para recrearme en ellas, una y otra vez: el paraguas verde que se abre con la alegría de hallar las pinturas rupestres de una cueva; un cuadrito de salmón en la ensalada, escurridizo como un deseo de fuga; la lata de galletas amarilla que he comprado solamente porque quiero conservar tesoros… Y las miradas de los que se besan callejeando, de los camareros, la policía, las dependientas pendientes de un gesto, los gatos solitarios, los que van a cometer un atraco, los que están hasta el cuello… La complicidad de los encuestadores que te ahorran un minuto para una campaña, del niño que atiende a su padre para bajar con seguridad las escaleras, de los estudiantes, de la gente extraviada que a su pesar se sube a los autobuses con aplomo… Es lo que tiene recorrer lo que añoramos.
Así que hoy he colgado el cartel de Completo. Bueno, le he hecho un hueco a una imagen. La he atesorado en mi lata de galletas, regresando del trabajo. He levantado la cabeza para recibir la caricia del sol y me he topado con él; sacaba sólo el morro por la barandilla de la terraza y también apuntaba al cielo, en un reflejo idéntico. Es un Alaskan que vive en mi recorrido. La verdad es que no es la primera vez que lo sorprendo así. Me avergüenza espiarlo, aunque sólo sea unos segundos. Es un gesto tan íntimo. Mi otra alma gemela este mediodía... Los ojos cerrados y el mentón como una ofrenda, dando las gracias por las caricias del sol, al tiempo que extraña montañas de nieve que ni siquiera ha llegado a conocer. Vamos, eso que llamamos nostalgia. Como el aroma de vainilla.
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La verdad que tengo buena vista, pero cambia la fuente de tamaño que no se ve nadaaaa. Un saludo.
Me ha gustado mucho este relato cotidiano..
Muy bien llevado entretenido..sabes darle sentido a lo poco que observamos a nuestro alrededor. Me gustan a los alaskanes..hace unos años tuve uno..hoy por razones de familia no tengo perros..pero si tuviera tendria un alaskan..son tan distintos a los otros perros..tan peludos..tan cariñosos..
Saludos
Muy bueno el texto, si señora.