Tres meses. Lo sé. Una larga ausencia. Al menos a mí se me han hecho eternos. La culpa es de este invierno inhóspito y gélido… Ya está. Le echamos la culpa a la meteorología y todo resuelto. Supongo que de ahí que esté escribiendo un cuento sobre una manada de lobos hambrientos... Aunque también podría hacer responsable a la mujer salvaje de Clarissa Pinkola; esa fiera que llevamos dentro y que probablemente también tiene mucho que ver con las lobas.

Curiosa connotación la que acompaña al animal hembra… A los lobos machos se les presume astucia, osadía, ¡sabiduría! (¡va por ti, amigo Pepe!) o directamente maldad, si pensamos en los cuentos clásicos. A las lobas, “¡menudas ellas!” se las ataca más bien por maliciosas o libidinosas. Nada más lejos del instinto de la madre loba.

Dice Pinkola (os recomiendo de nuevo Mujeres que corren con los lobos): “si deseas recuperar a la Mujer Salvaje, no permitas que te capturen”. Cuando caemos y nos levantamos es bueno confirmar que hemos aprendido a cazar y a cuidar de nosotras mismas. Pero sobre todo comprender que “nuestra tarea consiste en seguir realizando la tarea”.

Bueno, pues ahí seguimos, ¡corriendo con los lobos y escalando montañas!