Contar de juegos...
Cierro los ojos y encuentro una piedra redonda. Primero me parece la piedra de Sísifo, porque Ismael Serrano suena de fondo y me despista... Pero no. Se parece más a la piedra de la honda de León Felipe –piedra redonda, como tú… ya sabéis. En la oscuridad, sobre todo si se aprietan muy fuerte los ojos, se ven muchas más piedras centellear. Son como los farolillos de una feria. ¡O como las antiguas chispas de las bengalas! Y de repente… pchsss!!! Lucecitas de cuento. Ahí va una.
Menos es más
La mesa no le gusta. Es lo único que le sobra. Las cortinas necesitan un par de lavaditas, pero al menos no dan albergue a la fauna autóctona, como las del último hotel. La cama es amplia y el colchón aguantaría una batalla si ella estuviera...
Pero la mesa…
El televisor es pequeño y tiene mando a distancia. No puede pedir más. El hastío, el conformismo o quizás la fortuna de una buena película al alcance de su mano. Incluso hay papel y bolígrafo en el escritorio; una sola hoja y el membrete del hotel ocupa la mitad. Lo perdona.
Sin embargo, esa mesa…
¡Es tan triste! En esa línea minimalista que obedece a la famosa ley de la felicidad de que “menos es más”. Sencilla, ligera, casi transparente… No sería capaz de soportar ni una intención.
Está solo y la echa de menos. ¿O la echa de más…? Demasiado, se le enreda en la lengua. Como un juego de palabras. Pero desde luego no uno de sus atrevidos juegos de mesa, aunque ella estuviera. ¡Sería imposible!
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jotatrujillo dijo
Es que hay mesas que solo están hechas para escarceos.
Saludos.
25 Febrero 2009 | 06:00 PM