La invitación me la han hecho desde Colunga. Y es que cuando la marea fluye acaba llegando la mar a la galera, como bien dice Machado. Este próximo jueves 23 de abril, con motivo del Día Internacional del Libro me han propuesto presentar El abrazo náufrago en esa población asturiana. Me ilusiona el ofrecimiento, aunque confieso que también me inquieta saber que por fin pasaremos la prueba de fuego: la del público astur.

Para ser una catalana sin raíces familiares en Asturias puede resultar un poco desconcertante elegir como escenario uno tan lejano… Aunque a veces lo que tenemos a mucha distancia resulta de lo más cotidiano y cercano, ¡sobre todo desde que existe Internet!

Cuando Clara, la protagonista, me susurró un buen día que era asturiana -habíamos establecido ya esa relación independiente y a veces tortuosa entre autora y personaje- supe que iba a darme un poco más de trabajo… Quería contar su historia de tal manera que además de hacerla emocionante también la hiciera creíble. Así que tocaba documentarse sobre sus orígenes ¡y salir a empaparse bajo el orbayu! La literatura es una aventura, ya sabéis, tanto para la persona que lee como para la que escribe.

Lo hice sin poner los pies en Asturias durante el tiempo que escribía, pero con la experiencia de dos viajes que habían descubierto ante mis ojos la que sería, sin lugar a dudas, mi primera patria literaria –siempre que escucho el himno de Víctor Manuel siento que nos hermana: “prepara tu último salto que Asturias está aguardándote; sola en mitad de la tierra, hija de mi misma madre”.

El pasado agosto, con el libro bajo el brazo y después de haber vivido mi primer Sant Jordi, visité por tercera vez Asturias -las fotos son de ese verano. Llevaba la sombra de una sonrisa de princesa tatuada en la mirada –ya lo sabéis- pero el paisaje me dio el abrazo de mar que tanto anhelaba.

Mi caballero andante y yo dejamos un par de ejemplares en la biblioteca de Villaviciosa y en la de Colunga. Ambas me han recompensado con mucha amabilidad; Manolo, el bibliotecario de Villaviciosa y un lector infatigable, me telefoneó algunas semanas después para felicitarme. Y ahora es Colunga la que me abre las puertas, de la mano de Manuel, el técnico de Cultura, y Eva, la bibliotecaria.

Así que desde el verano pasado, los personajes de Ranamanca han tenido ocasión de compartir complicidades con la vecindad de Villaviciosa y Colunga, que es el concejo en el que encontraríamos Ranamanca si fuera un pueblo real y no ficticio –al estilo de San Martín del Sella en Doctor Mateo, sí. Además, después de que este invierno recomendaran El abrazo náufrago en Navia y Ribadesella, estos días la Biblioteca Municipal de Colunga también promociona la novela http://www.bibliotecaspublicas.es/colunga/otras.htm preparándose para esa presentación, que aunque reúna solamente a una docena de personas, a día de hoy ya me ha hecho feliz. Por supuesto, os invito a acompañarme, aunque sé que quizás os queda un poco lejos…

En fin…, ¡qué más se puede pedir! Tienes razón amigo Pepe, después de estos dos meses de buena vida, incluso me avergüenza tanto privilegio y tanto viajecito. Pero por una vez, sin que se convierta en hábito, me hago el regalo, aunque sólo sea por haber soportado los chuzos de punta que me han aguijoneado este invierno.

Ah, para los más cercanos os hago otra invitación: leer el cuento que hemos escrito entre siete autores de la comarca para Anoia Diari. Ha sido una iniciativa de este nuevo medio de comunicación digital que apenas tiene siete meses de vida, pero que ya se ha convertido en un referente informativo en l’Anoia. Podéis seguir la lectura del cuento colectivo aquí: http://blogs.anoiadiari.cat/especial/bloc/punt-de-llibre-i Además el día de Sant Jordi editarán una edición especial impresa. A mí siempre me han gustado los juegos literarios –oi, company!- así que ha sido una experiencia interesante para ponerme a prueba en la narración literaria (para variar de la periodística) con mi otra lengua. Además he podido compartir “cartel” con mi amigo escrividor Pep Elias y con Joan Pinyol, Maria Enrich, Teresa Roig, Jordi Ferrer y Antoni Dalmau. Un Punt de llibre compartit!