La Coctelera

Marea de palabras

O la mar en la que habitan mis cuentos

30 Abril 2009

Ciclos vitales

Aprovechando la revelación que ayer me brindó una amiga colombiana casi puedo confirmar que estoy cerrando un ciclo… ¡O abriendo uno nuevo!, depende de cómo lo miremos (quizás ambas cosas a la vez). Parece ser que el número mágico es el 9 y no hace falta indagar mucho en el misterio ni en las mancias para entender que el 9 es un número clave en el ciclo vital de la especie humana. Sumando estos dos meses últimos –y exactamente desde el día 1 de agosto- completo un ciclo.

No lo tenía calculado, claro, y por eso creo que la intuición se corresponde con esta certeza de ánimo holístico que me ayuda a percibir donde está la luz y donde siguen las pequeñas nubes que ensombrecen el sendero –ricos matices para la nueva mirada que ahora los observa. Y es que las personas controladoras (como esta ambiciosa aprendiz de la vida) cuando nos estrellamos, lo hacemos con gran estrépito. Pero más tarde o más temprano, también conseguimos levantarnos, recomponernos el vestido, plancharnos las heridas y entender que nuestro poder de influencia llega hasta donde nos permite el Dios de la Vida y la Madre Naturaleza. ¡Y siempre dando gracias!

Cierro un ciclo, pues… También me lo ha dicho Asturias, la patria literaria que me guió en la revelación por capítulos de El abrazo náufrago. La visita al escenario amado no ha sido casual. En la fragua del tiempo se estaba cociendo y moldeando esa presentación para que llegara precisamente ahora. Sí, soy de esas personas que necesitan respuestas existenciales para fluir, pero que se conforman con una lluvia de flores cuando tienen que tomarse la vida con más calma.

Siento que Asturias ha llegado para ponerle la guinda a este paréntesis laboral que he consumido sin complejos –aunque al final me haya arrancado los colores- y que ha sido nutritivo y energético, como una barrita de cereales con miel en medio de una escalada.

Colunga me dio la sorpresa de reunirme con Trini, amiga de infancia que viajó conmigo a Melilla -¡donde la naturaleza me dio una gran lección sobre su poder! Estaba pasando unos días de vacaciones con Edu en la costa asturiana y por supuesto, ¡no iban a perderse mi presentación! Mi madre, que fue cómplice de la sorpresa, podría emplearse en un programa de cámara oculta -¡la prueba de su excelente trabajo y mi cara de estupor la tenemos en vídeo!

La presentación fue entrañable. En familia, como había imaginado, pero en familia numerosa, porque en la sala éramos más de 25 personas. Algunas ya habían leído la novela y me dieron alas para volar confiada, ¡porque conseguí que reconocieran Ranamanca!, en Caravia, en el Puntal, en Lastres, en Rodiles… ¡qué más da dónde esté exactamente!; lo importante es que les parezca posible encontrarlo donde deseen, cerca de su escarpada mar, y que les haga cómplices de Clara; que la acompañen de la mano por el paraíso de su infancia, tan capaz de curarlo todo.

Mi caballero andante me regaló flores durante el viaje, pero la rosa me la brindaron desde el área de Cultura y la Biblioteca de Colunga, nada más abrir el acto. El concello asturiano se hermanaba con la tradición catalana de Sant Jordi en esta inolvidable Fiesta del libro 2009 para la que escribe. Fue un detalle simbólico hermoso, de respeto y admiración mutua entre culturas. Y luego vino mi larga exposición –porque como no me gusta hablar…- la curiosidad del público, las sonrisas que te invitan a ir más allá, los elogios que se convierten en presentes de vida, las preguntas sabias que dan para reflexionar en casa… Y por si fuera poco, aunque les aseguras que el libro está disponible en la biblioteca, hay 8 personas que compran el libro, se acercan para que les dejes una dedicatoria y te corresponden con pedacitos de colores de historia vital: María José, Lilián –como Lilián de Celis, ¡ahora lo sé!- Loli… ¡qué pena que no recuerde el nombre de todas! Pero espero que me escriban para refrescármelo y para compartir impresiones.

¡La que ya me ha escrito es María José!, otra amiga trotamundos que hicimos dos días más tarde, en los Bufones de Llames (¡no confundir con Llanes!) y gracias a la cual pudimos conocer el espectacular acceso a La Cuevona. Me gustó su escueta respuesta, antes de despedirnos, cuando nos dimos el correo electrónico después de una agradable charla entre los acantilados: “te aseguro que soy de las que respondo” le dije, y ella me sorprendió con un “¡tranquila, yo soy de las que espero!”. Buena lección esa de saber esperar, sí señora…

A mí el primero que me lo enseñó en literatura fue Machado: “Sabe esperar, aguarda que la marea fluya –así en la costa un barco- sin que el partir te inquiete. Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya, porque la vida es larga y el arte es un juguete. Y si la vida es corta y no llega la mar a tu galera, aguarda sin partir y siempre espera, que el arte es largo y, además, no importa”.

Pero curiosamente hoy encontré un poema de Ángel González, que sé que María José admira –igual que tú, amiga Giverny- y casi podría enlazarlo con el de Machado para cerrar este laaaaargo post; un poema que también entusiasmaría a Clara...Ya nada es ahora.

Largo es el arte; la vida en cambio corta

como un cuchillo

Pero nada ya ahora

-ni siquiera la muerte, por su parte

inmensa-

podrá evitarlo:

exento, libre,

como la niebla que al romper el día

los hondos valles del invierno exhalan,

creciente en un espacio sin fronteras,

ese amor ya sin ti me amará siempre.

servido por lamardecuento sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

MAR. Masa de agua. Brisa. Salitre. Esencia de mi ser. Musa. CUENTO. Nudo en las entrañas. Aliento. MAR-CUENTO. Vida y literatura.

Fotos

lamardecuento todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera