Se mordió la lengua y se hizo sangre. Bien, pensó, al menos resulta que estaba vivo. Luego cerró los ojos y recordó el huerto de limones en el que fue tan feliz de niño; el olor perfumado en la brisa, el sol calentando su camiseta de rayas, las travesuras que hacía con Marisol, la niña que lo llevaba de cabeza… Los limones seguían intactos en su memoria, con el mismo brillo de luz que diez, veinte, treinta años atrás… Era mejor no echar las cuentas.
La sangre se mezcló con la saliva de su boca, entre cucharadas de postre. Un flan de vainilla trasnochador para aliarse con los recuerdos; temblorosos apetitos de caramelo entre pasos descalzos del sofá a la cama, de vuelta a los escalofríos.
Esta vez se mordió un labio y la lengua se desconcertó ante aquella combinación de sabores metálicos, amargos y dulces que resumían su estado de ánimo. Sólo le inquietaba aquella sensación gélida; puede que fuera por culpa de su sangre fría…
Tenía el cuerpo destemplado. Debía estar incubando un buen resfriado…

Cuantas cosas se pueden agolpar en la cabeza, en esos instantes que van del sueño a sentirse vivo de nuevo, en el corto paseo de la cama al frigorífico.
Apetito de dulce caramelo, limones turgentes que siguen teniendo el mismo brillo de cuando el deseo. Los juegos (¿prohibidos?) con Marisol.
Es posible que la soledad sea la que hace que el cuerpo se destemple.
Sea como sea, preciosa narración.
Un abrazo.
Gracias Jota. Juegos prohibidos cuando la edad es tierna, sí; deseos sinceros de pura vida que amordazamos con el tiempo, cuando domesticamos la espontaneidad y la intuición. Nos ponemos corsés, caretas, corazas... La sangre se nos puede helar en ese trasnochar que es hacerse adulto si no andamos alerta. Yo recurro a la vainilla y a los abrazos. ¡Uno para ti!
Mi muy querida amiga,
De la satisfacción que me produce el leerte no voy a hablar .... ¡Sobradamente lo sabes! Tan sólo, mi deseo de que nos sigas permitiendo disfrutar de ello.
Una vieja canción de Raphael venía a decir algo parecido:
"Cada cual acaricia todavía,
un trocito del tiempo que pasó,
de recuerdos que viven todavía
y que guarda en secreto el corazón"
Pues sí, amiga, todos guardamos esos recuerdos de cuando una vez fuimos niños y por tanto puros. Recuerdos de unos actos y de unos pensamientos que no tenían nada de obscenos, ha sido el tiempo, el habernos hecho mayores, cuando una moral impuesta ha intentado limitar nuestra libertad y hacernos pensar en el "pecado". ¡Habrá, acaso, mayor pecado que el de los falsos dioses!
Cuídate. Besos.